Historia de la Filosofía PAU 2025
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Examen de Historia de la Filosofía – PAU 2025, convocatoria extraordinaria
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UNIVERSIDADES PÚBLICAS DE LA COMUNIDAD DE MADRID PRUEBA DE ACCESO A UNIVERSIDAD Curso 2024-2025 MATERIA: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
INSTRUCCIONES GENERALES Y CALIFICACIÓN Después de leer atentamente el examen, responda de la siguiente forma:
• Elija un texto entre A o B y responda a las cuestiones planteadas como preguntas 1, 2, 3 y 4
TIEMPO Y CALIFICACIÓN: 90 minutos. Cada una de las preguntas tiene una calificación de 2,5 puntos TEXTO A «Cerraré ahora los ojos, me taparé los oídos, suspenderé mis sentidos; hasta borraré de mi pensamiento toda imagen de las cosas corpóreas, o, al menos, como es casi imposible, las reputaré vanas y falsas;
de este modo, en coloquio solo conmigo y examinando mis adentros, procuraré ir conociéndome mejor y familiarizarme más conmigo mismo. Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, quiere, no quiere, y que también imagina y siente, pues como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda. Y con lo poco que acabo de decir, creo haber enumerado todo lo que sé de cierto, o al menos, todo lo que he advertido saber hasta aquí».
R. DESCARTES, Meditaciones metafísicas, Meditación tercera.
TEXTO B «El mayor acontecimiento reciente, —que “Dios ha muerto”, que la creencia en el dios cristiano ha perdido credibilidad— comienza ya a arrojar sus primeras sombras sobre Europa. Por lo menos a aquellos pocos cuyos ojos, o el recelo que poseen en sus ojos, son lo suficientemente fuertes y sutiles para este espectáculo, les parece que algún sol se ha puesto, alguna confianza antigua y profunda se ha convertido en duda: a ellos nuestro viejo mundo tiene que parecerles cada día más crepuscular, más desconfiado, más extraño, “más viejo”. Pero esencialmente puede decirse: el acontecimiento mismo es demasiado grande, demasiado lejano, demasiado apartado de la capacidad de comprensión de muchos como para que pueda decirse siquiera que su noticia haya llegado, y menos aún que muchos sepan qué ha ocurrido propiamente con él — y todo lo que ahora, después de que esa creencia ha sido sepultada, tiene que desmoronarse porque estaba construido sobre ella, apoyado en ella, entrelazado con ella: por ejemplo, toda nuestra moral europea».
F. NIETZSCHE, La Gaya Ciencia, V, § 343.
Preguntas:
1: Sobre el texto elegido (2’5 puntos)
1. Identifique y explique la tesis principal defendida en el texto propuesto.
2. Mediante un pequeño texto justificativo ponga en diálogo con algún otro autor, autora o corriente filosófica perteneciente a la misma o diferente época la cuestión discutida en el texto.
2: Responda solamente a una de las dos preguntas que se le plantean a continuación (2’5 puntos)
A. Exponga el problema de la ética y/o la moral en un autor, autora o corriente filosófica de la época antigua o medieval.
B. Exponga el problema de Dios en un autor, autora o corriente filosófica de la época antigua o medieval.
3: Responda solamente a una de las dos preguntas que se le plantean a continuación (2’5 puntos)
A. Exponga el problema del ser humano en un autor, autora o corriente filosófica de la época moderna.
B. Exponga el problema de la ética y/o la moral en un autor, autora o corriente filosófica de la época moderna.
4: Responda solamente a una de las dos preguntas que se le plantean a continuación (2’5 puntos)
A. Exponga el problema de la sociedad y/o la política en un autor, autora o corriente filosófica de la época contemporánea.
B. Exponga el problema de la realidad y/o el conocimiento en un autor, autora o corriente filosófica de la época contemporánea.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2024-2025 CRITERIOS ESPECÍFICOS DE CORRECCIÓN Y CALIFICACIÓN
Pregunta 1:
En la respuesta a la primera pregunta se comprobará el grado en que el alumno es capaz de:
a) identificar la tesis del texto (hasta 1 punto).
b) analizar críticamente la tesis defendida a partir del pensamiento de otro autor, autora o corriente filosófica (hasta 1 punto).
c) utilizar un vocabulario preciso (hasta 0,5 puntos).
Calificación: hasta 2,5 puntos.
Pregunta 2:
Con la segunda pregunta se pretende comprobar la capacidad del alumno para:
a) exponer el problema de la ética y/o la moral o el problema de Dios (según haya escogido) en un autor, autora o corriente filosófica que pertenezca a la época antigua o a la época medieval (hasta 2 puntos).
b) utilizar un vocabulario preciso (hasta 0,5 puntos).
Calificación: hasta 2,5 puntos.
Pregunta 3:
Con la tercera pregunta se pretende comprobar la capacidad del alumno para:
a) exponer el problema del ser humano o el problema de ética y/o la moral (según haya escogido) en un autor, autora o corriente filosófica que pertenezca a la época moderna (hasta 2 puntos).
b) utilizar un vocabulario preciso (hasta 0,5 puntos).
Calificación: hasta 2,5 puntos.
Pregunta 4:
Con la cuarta pregunta se pretende comprobar la capacidad del alumno para:
a) exponer el problema de la sociedad y/o la política o el problema de la realidad y/o el conocimiento (según haya escogido) en un autor, autora o corriente filosófica que pertenezca a la época contemporánea (hasta 2 puntos).
b) utilizar un vocabulario preciso (hasta 0,5 puntos).
Calificación: hasta 2,5 puntos.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2024-2025 SOLUCIONES (Documento de trabajo orientativo)
TEXTO A «Cerraré ahora los ojos…»
1.- En la primera parte de la pregunta se exige proporcionar una exposición clara de la tesis defendida por el autor del texto, que muestre qué problema se discute y la solución que el autor proporciona. El texto muestra la duda radical exigida por el método cartesiano como requisito imprescindible para obtener una verdad absoluta. El problema que el texto plantea es la búsqueda de dicha Verdad. Para ello, Descartes, pone en duda, rechaza de forma provisional, el conocimiento en su totalidad. Y es una vez que cualquier conocimiento posible ha sido cuestionado, como descubre la primera verdad sobre la que no cabe duda alguna. El hecho de dudar, de pensar, justifica de forma incuestionable mi existencia como sujeto pensante.
De esta forma descubrimos la tesis del texto: El cogito, la substancia pensante, es la primera verdad inmediata conocida por la inteligencia, resultado de la intuición y el cumplimiento de las exigencias del método. Por último, cabe también mencionar que esta primera verdad no sólo nos informa de la existencia del sujeto, sino también de su naturaleza, ya que es puro pensamiento.
2.- En relación con la segunda cuestión planteada sobre el texto, hay multitud de respuestas posibles. El corrector podrá valorar positivamente cualquiera de ellas siempre y cuando se muestre con corrección el pensamiento del autor o autora elegido (o corriente de pensamiento) para realizar el análisis crítico que proponga. El estudiante debe mostrar que reconoce el problema, el tratamiento que del mismo hacen ambos autores y que es capaz de ponerlos en diálogo mediante la elaboración de un breve texto justificativo.
Algunos ejemplos de tratamientos del problema en otros autores o corrientes filosóficas serían:
1: Mostrar cómo la propuesta de Descartes tiene su origen en el pensamiento de Agustín de Hipona. Si analizamos con cierto detenimiento la filosofía de Agustín de Hipona observamos que, tal y como hará Descartes en la modernidad, Agustín busca dotar de una seguridad total al conocimiento humano y comienza esta tarea adoptando una actitud escéptica. Agustín tratará de demostrar la existencia de un conocimiento que resulte inmune a la duda escéptica a partir de la certeza del conocimiento subjetivo, tal y como hace Descartes en el texto propuesto. Al igual que el cogito de Descartes, el de Agustín refuta el escepticismo al inferir a partir de la conciencia de la propia existencia la verdad de la proposición “yo existo”. Según él, incluso si me equivocara al pronunciar esta proposición, seguiría siendo cierto que yo, que me equivoco, existo.
Ahora bien, el argumento en Agustín es en cierta medida diferente del de Descartes, ya que Agustín no trata de fundar el edificio del saber sobre él, de forma sistemática como sí hace Descartes. Aunque para ambos sí constituye el punto de partida para el acceso a Dios. Por último, se podría decir que el cogito agustiniano también tiene una dimensión ética que no encontramos en Descartes, ya que la sustancia no es solo un “yo pienso”, sino que es el sujeto que también ama y tiene voluntad.
2: Contraponer la noción de sustancia que Descartes presenta con el planteamiento que de la misma defiende David Hume. Frente al planteamiento de Descartes, en el que el cogito o substancia pensante es la realidad que da sustrato a cualquier pensamiento o percepción, David Hume plantea una posición totalmente contraria. Según Hume, nuestra creencia en la sustancia es el resultado de un error o una ilusión.
La noción de substancia, tanto en su carácter corpóreo, como sujeto de las cualidades que percibimos, como espiritual, como yo, propiamente dicho, no corresponde impresión alguna; por tanto, no hay tampoco tal idea, sino únicamente un término sin significación alguna. La palabra “substancia” no designa sino un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. El objetivo de Hume es totalmente opuesto al de Descartes. Mientras que Descartes habla de la substancia como lo que subyace al cambio, Hume defiende que la sucesión de percepciones de uno mismo no nos autoriza a defender que exista algo como un “yo” que dé sustento a esas percepciones cambiantes. Es un mero producto mental.
Por tanto, para Hume no existe el yo en cuanto tal. Es una creencia que surge a partir de pensamientos, sentimientos o sucesos que recordamos y que nos hacen presuponer que existe un yo. La memoria recuerda las percepciones particulares como continuas y las identifica con el yo, pero no son lo mismo, solo lo fingimos así. Lo único cierto es que hay continuas percepciones diferentes en continuo movimiento. Nada que ver con el yo cartesiano que es verdad de pleno derecho y criterio de verdad dentro de su pensamiento.
3: La influencia de la noción de substancia cartesiana en las filosofías de Gottfried Leibniz o Baruch Spinoza.
Descartes define como substancia aquello capaz de existir de forma independiente, es decir, lo que existe por sí mismo y no depende de ninguna otra cosa para existir. Es verdad que la noción de substancia así entendida corresponde de pleno de derecho exclusivamente a Dios, ya que la existencia de cualquier otra realidad, como en este caso el cogito o sustancia pensante discutida en el texto, depende de Dios. En este sentido Spinoza, al igual que Descartes, afirma que existe una única sustancia. Esta sustancia se define al mismo tiempo como Dios y Naturaleza. Cualquier otra existencia es un modo de esta única substancia. De esta forma, la visión de Spinoza enfatiza más si cabe el hecho de que la sustancia sea concebida como totalmente necesaria y autosuficiente, de lo que infiere que solamente el universo en su conjunto puede cumplir plenamente este criterio.
Por el contrario, Leibniz admite que haya sustancias creadas, que aún dependientes en última instancia de Dios, gozan de una suerte de independencia respecto de su creador. Y va más lejos que Descartes al afirmar que incluso las propiedades que un objeto posee solo durante una parte de su existencia le son esenciales.
Cada “mónada”, que es como denomina a una sustancia, tiene cada una de sus propiedades como parte de su naturaleza, por lo que si hubiera sido diferente en algún aspecto, habría sido una entidad distinta. De esta forma, una sustancia no puede existir “por sí misma” (una vez que dejamos a Dios al margen) porque no puede existir sin sus propios atributos, hecho que supone una variación fundamental de la noción de substancia cartesiana.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA 2024-2025 SOLUCIONES (Documento de trabajo orientativo) TEXTO B «El mayor acontecimiento reciente…»
1.- En la primera parte de la pregunta se exige proporcionar una exposición clara de la tesis defendida por el autor del texto, que muestre qué problema se discute y la solución que el autor proporciona. En este texto se plantean las consecuencias de la “muerte de Dios”. La tesis que Nietzsche defiende es que, una vez que se han puesto en cuestión los valores absolutos sobre los que se sustentaba la cultura europea, esta se ve herida de muerte. La muerte de Dios representa la muerte de una cultura, de una forma de entender el conocimiento y la moral, de entender la vida. A ojos de Nietzsche el logro de la verdad absoluta es una indeseable quimera, una gran mentira. La defensa de unos valores universales herederos del cristianismo, un gran error. Ese es el problema que se plantea en el texto: todo aquello que era sólido (la verdad, la moral) se ve reducido a añicos.
La cultura occidental se ve abocada al nihilismo, nihilismo que todavía no es percibido por todos, pero sí por aquellos que, como él, son capaces de reconocerlo.
2.- En relación con la segunda cuestión planteada sobre el texto, hay multitud de respuestas posibles. El corrector podrá valorar positivamente cualquiera de ellas siempre y cuando se muestre con corrección el pensamiento del autor o autora elegido (o corriente de pensamiento) para realizar el análisis crítico que proponga. El estudiante debe mostrar que reconoce el problema, el tratamiento que del mismo hacen ambos autores y que es capaz de ponerlos en diálogo mediante la elaboración de un breve texto justificativo. Algunos ejemplos de tratamientos del problema en otros autores o corrientes filosóficas serían:
1.- Mostrar cómo las características de la cultura europea que Nietzsche cuestiona tienen su origen en la filosofía platónica. Cuando Nietzsche afirma que la cultura europea está abocada al nihilismo, lo hace entrando en total confrontación con el pensamiento de Platón. Platón, y antes de él Sócrates, fueron firmes defensores de la necesidad de la existencia de una verdad absoluta y unos valores morales universales, más allá del relativismo o el subjetivismo. Así, Platón afirmaba que la dialéctica, como último grado del conocimiento, nos ofrecía un saber objetivo ya que nacía de una realidad tan eterna como invariable: las ideas del mundo inteligible. Anclada en ese mundo, la verdad se presentaba como una y única, frente al resto de visiones engañosas. Y lo mismo sucedía con los fundamentos de la moral. Por el contrario, Nietzsche reconoce que la verdad y los valores morales nacen de nuestra voluntad de poder, de nuestra voluntad creadora. Verdadero será aquello que queramos que sea verdadero, luego no hay una verdad, sino múltiples, tantas como establezcan los individuos fuertes que ejerzan su propia valoración. Asimismo, tampoco habrá unos valores únicos y absolutos, sino que cualquier valor es condición de conservación y aumento de la voluntad de poder.
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Fuente oficial: Universidad Complutense de Madrid.
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